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Impulsa ANIQ agenda estratégica para fortalecer competitividad química rumbo a la revisión del T-MEC

19ene.

 

El pasado 14 de enero, en la Ciudad de México, se realizó el llamado Día de la Química, en donde representantes de la industria química de México, Estados Unidos y Canadá coincidieron en que la próxima revisión del T-MEC será clave para mantener la competitividad de la región frente a un entorno global cada vez más incierto.

El encuentro reunió a líderes empresariales y especialistas del sector, convocados por la Asociación Nacional de la Industria Química (ANIQ), el Consejo Americano de Química (ACC) y la Asociación de la Industria Química de Canadá (CIAC), con el objetivo de analizar los retos que enfrenta la cadena productiva regional y las oportunidades que abre la modernización del Tratado.

Uno de los puntos centrales de la conversación fue la necesidad de fortalecer la integración productiva de América del Norte ante fenómenos como la sobrerregulación, el exceso de capacidad en otras regiones del mundo y las disrupciones en las cadenas de suministro que se han intensificado en los últimos años.

Durante el foro, el presidente de la ANIQ, José Carlos Pons, subrayó que el T-MEC ha sido un factor determinante para el desarrollo industrial de la región. Desde su entrada en vigor, explicó, el comercio químico trilateral se ha triplicado y hoy supera los 60 mil millones de dólares, consolidando a la industria como un engranaje clave de la manufactura norteamericana.

El papel estratégico del sector químico fue otro de los temas recurrentes. De acuerdo con los participantes, cerca del 95 por ciento de los productos químicos funcionan como insumos esenciales para industrias como la automotriz, electrónica, de electrodomésticos y farmacéutica, lo que convierte al sector en un habilitador transversal de la competitividad regional.

 

En el caso de México, la industria química se mantiene como uno de los tres sectores productivos más relevantes del país. Según datos compartidos durante el encuentro, genera un comercio exterior superior a los 48 mil millones de dólares anuales y registra más de 800 mil operaciones, lo que refleja su peso en la economía nacional y en el intercambio regional.

Más allá del diagnóstico, las asociaciones presentaron una agenda común de recomendaciones que, aseguran, puede incorporarse al T-MEC sin necesidad de una renegociación integral. Entre las prioridades destacan la modernización aduanera para facilitar el comercio, una mayor convergencia regulatoria basada en ciencia y riesgo, y la atracción de inversión en manufactura avanzada, particularmente en aquellos productos donde Norteamérica mantiene ventajas competitivas.

 

Especial atención recibió el Anexo sobre Sustancias Químicas del Tratado, considerado pionero por su enfoque en cooperación regulatoria y resiliencia de la cadena de suministro. Aunque su implementación ha sido gradual, los participantes coincidieron en que la próxima revisión del T-MEC representa una oportunidad para acelerar su aplicación y alinearlo con los objetivos de competitividad industrial de la región.

Al cierre del encuentro, el consenso fue claro: la fortaleza del T-MEC radica en su capacidad de evolucionar. Para la industria química, reforzar el Tratado no solo significa proteger su propia competitividad, sino también la de los múltiples sectores que dependen de ella en América del Norte.

 

 

 

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